Toma el Dinero y Corre (“Take the Money and Run“, en su versión original de 1969), es la primera película que dirigió Woody Allen, además de escribirla y protagonizarla.
Realizada en formato de documental, la comedia trata sobre Virgil Starkwell (Woody Allen) y cómo intenta desarrollar su carrera como delicuente profesional. El protagonista es un completo inepto, carente por completo de capacidad de análisis y planificación, resultando la ejecución de sus “golpes” del todo desastrosas. A pesar de todo, y debido a su absoluta falta del sentido de la responsabilidad, persiste en sus objetivos hasta dar con sus huesos en prisión.
Sin embargo, no es el argumento de la película lo que nos interesa en esta entrega, sino que es el propio título el que nos viene “al pelo” para describir otro flagrante caso de comportamiento indeseado en el mundo empresarial: la falta de responsabilidad asociada al poder de delegar.
Nunca dejaremos de asombarnos de la frecuencia con que se siguen manifestando estos comportamientos en nuestros entornos de trabajo, pero la realidad (y la experiencia, aunque mala en estos casos) nos dicta que en demasiadas ocasiones nos encontramos con personas en puestos de ejecutivos medios y altos que ejercen su poder de forma equivocada.
Viene siendo habitual que un “alto mando” (o mandos medios y bajos, hay de todo), haciendo uso de los privilegios de su cargo deleguen la práctica totalidad de sus tareas a subordinados de su equipo. Esto por sí mismo no está mal, dado que sin el poder de delegar el modelo de pirámide en que se basan la mayoría de las empresas se iría al traste.
En cambio, los conflictos surgen cuando en el transcurso de un proyecto o desarrollo de un trabajo, el “subordinado delegado” comete algún error de cierta magnitud, hasta el punto que el director, socio o máximo responsable se entera de la “pifia”. Es estos momentos cuando estos “brown dispatchers” (término habitual para denominar a los “repartidores de mierda“, que suena mejor al “anglonizar” o “inglesizar” el nombre) muestran su verdadero talante. Que no es otro que el de culpar directamente al empleado encargado de la tarea, restándose ellos mismos toda importancia y poniéndose de parte del “jefazo”. La situación suele derivar en que ambos reunidos en un despacho convocan al “pringao” a su presencia, para lo que viene a convertirse en una especie de Tribunal de la Inquisición. Inevitablemente, el afectado y “responsabilizado” se marcha con una buena reprimenda (en el mejor de los casos), mientras que el “repartidor” se retira alegremente a prepararse para el próximo “marrón” que vaya a dejar flotando sobre la cabeza de algún otro incauto.
Es evidente que forma parte de nuestra debilidad humana centrarnos en los aspectos positivos de cualquier cosa, rechazando o ignorando los puntos menos agradables. En este caso, lo positivo o atractivo de una determinada posición de poder reside en el aumento salarial correspondiente y en el privilegio de delegar trabajos y responsabilidades a otros, de la misma forma que hacen con nosotros nuestros inmediatos superiores.
Pero, aún cuando trasladamos una tarea (y parte de la responsabilidad implícita) a nuestro equipo, seguimos siendo responsables de la calidad de sus resultados. En última instancia, y cuando haya que “dar la cara“, es el responsable del equipo el que debe hacerlo asumiendo como propios los errores de todos sus subordinados (ya en privado podremos pedir cuentas al que ha cometido el error), y reconociendo los logros como resultado del trabajo conjunto.
Por decirlo de forma más clara:
“Nos pagan para que dirijamos y gestionemos equipos de personas (delegando y repartiendo el trabajo de forma equilibrada y justa), recogiendo las “medallas” cuando todo sale bien (en nombre de todos los miembros) y para que demos la cara cuando algo sale mal (y si hay que partir alguna).”
Por tanto, no hagamos como el protagonista de nuestra película, que sencillamente “Toma el dinero y Corre” cuando se presentan problemas. Recordemos que Poder = Responsabilidad.
Próximas entregas:
- ¡Bonito Culo!
- El Lado Oscuro de la Fuerza
- Fusilado al Amanecer
- El Padrino
- El Diablo se Viste de Prada
Y otras que vendrán…



Cuando un jefe delega una tarea sólo delega la ejecución, no el resultado final.
En inglés, el jefe sigue siendo “accountable”, es decir, sigue siendo el que tiene que dar explicaciones si algo sale mal.
El empleado al que se le ha delegado es simplemente “responsible” de llevar a cabo la tarea.
Por desgracia en castellano llamamos “responsable” a ambas cosas y seguramente eso tenga algo que ver con el problema.
JM
JM,
Ciertamente, así debería ser… pero la cruda realidad es que se dan demasiados casos de “trepas” sin escrúpulos que prosperan en su carrera a base de recoger los méritos y culpar de los errores a otros.
El resultado suele ser que salen impunes de la mayoría de los conflictos, mientras van dejando por el camino un rastro de buenos profesionales “defenestrados” (jóvenes y con gran potencial).
Saludos,
Pedro J. Arocena.