La película protagonizada por Russell Crowe (en el papel del Capitán Jack Aubrey) es un claro ejemplo de cómo una estructura jerárquica perfectamente organizada puede compatibilizarse con la convivencia diaria de un grupo cerrado de personas con unas obligaciones y responsabilidades muy dispares.
En un momento determinado, el oficial médico/naturista y amigo personal del Capitán de la nave en la que viajan, le pide permiso para bajar a tierra al estar fondeados frente a las Islas Galápagos, lo que supone una oportunidad única de estudiar dicho tesoro natural. Sin embargo, el Capitán ha de negarse al presentir el peligro inminente de un barco “fantasma”/pirata con el que ya han coincidido en varias ocasiones. El oficial se rebela y protesta, dando lugar a una discusión en la se deja caer el riesgo de motín por parte de los hombres de la tripulación, ante la disciplina impuesta y sugiriendo cierta “relajación” de las normas y obligaciones. Ante lo cual, el Capitán responde que “A los hombres hay que gobernarlos” y concluye recordándole al oficial su posición en el proyecto.
Cabe destacar que dicho Capitán Aubrey se involucra personalmente en las tareas del barco, participando en gran parte de ellas para así ganarse el respeto de sus hombres a base de conocer a todos y cada uno de ellos, pero sin “confraternizar” en exceso, ya que tal y como él mismo apunta, los oficiales son sus superiores, por lo que no pueden ser tratados como iguales.
Constatamos el evidente contraste con la figura del Capitán Bligh que nos presentaba en su momento “El Botín de la Bounty” (Mutiny on the Bounty en su versión original), en el que éste se excedía en la disciplina hasta el punto de negar el agua a su tripulación en favor de las plantas del “árbol del pan” que habían recogido durante su expedición. El capitán resulta en una suerte de tirano cruel y despótico, lo que deriva en el inevitable motín liderado por su propio Segundo Oficial Fletcher Christian (interpretado por Marlon Brando).
Curiosos, cuando menos, los diferentes modelos de gestión aplicados por ambos capitanes y, más curioso aún, los resultados conseguidos y el efecto final en sus equipos… Buen modelo a tener en cuenta el de “Maestro y Comandante”.
Ya en nuestros días, vemos que las empresas mantienen (y así deber ser) el mismo modelo o muy similar, dada la eficiencia demostrada a lo largo de muchos siglos de organizaciones sociales y empresariales de lo más variopintas. En la mayoría (si no en todas) de las organizaciones actuales podemos encontrar la figura de un Presidente o Director General, los Socios o Directores del Comité de Dirección, y los Gerentes como miembros que conforman el Equipo Ejecutivo, seguido por el “Staff” (ejemplo de “Lost in Translation” para decir plantilla), formado por los Jefes de Proyecto, Responsables y demás variaciones.
A pesar de todo, y como llevamos años acostumbrados a vivir en Democracia (afortunadamente), en demasiadas ocasiones tendemos a pensar que podemos opinar sobre cualquier tema del que estamos absolutamente convencidos, llegando incluso a “ofuscarnos” si nuestro superior no adopta nuestras recomendaciones. Más aún si somos miembros del Equipo Ejecutivo, ya que estamos imbuídos del “poder” que con tanta ligereza ejercemos sobre nuestros subordinados.(Véase “Arriba y Abajo“).
Sin embargo, olvidamos el hecho indiscutible e innegable de que una Empresa NO es una Democracia, ya que si bien tenemos el derecho a opinar no tenemos el de votar en las decisiones de la compañía, por lo que aunque nuestros superiores puedan tener en cuenta dichas opiniones no tienen ninguna obligación de adoptarlas. Más bien al contrario, y dada la estructura jerárquica o piramidal, todos y cada uno de los integrantes de la misma están sometidos a las mismas reglas de juego.
No olvidemos, por tanto, que aunque podemos opinar, debemos acatar… y si no, dediquémonos a la política.
Por cierto, ¿será que los partidos democráticos y los gobiernos son organizaciones anárquicas y des-estructuradas?
Próximas entregas:
- ¡Bonito Culo!
- El Lado Oscuro de la Fuerza
- La Familia Corleone
- Fusilado al Amanecer
- El Baile del Chiki-Chiki
- El Hombre que Sabía Demasiado
Y otras que vendrán…



[...] Ya en nuestros días, las “Leyendas Accentúricas” (de Accenture, que bien valdría cualquier otra compañía) nos cuentan que rara vez se da la ocasión de sentarse ante una mesa redonda (en algún despacho, quizás), si acaso ovalada, cuadrada o rectangular. Mucho menos aún, se da el hecho de que todos tengan los mismos privilegios o condición ante los demás (tema este que trataré con más profundidad en una próxima entrega que lleva por título “Master and Commander“). [...]