Qué “monos” estos niños jugando en el patio del colegio ¿verdad?
¿Quién no recuerda con ternura aquellos momentos de nuestra infancia en los que intercambiábamos cromos, juguetes e historias con nuestros amigos más fieles?
Inventábamos aventuras en las que éramos superhéroes o piratas o villanos, y conspirábamos para fastidiar a los profesores de formas maquiavélicas (que casi nunca llevábamos a la práctica).
En clase, nos escondíamos unos a otros algún objeto de valor incalculable: el estuche, el “boli” favorito, la mochila, lo que fuera que fastidiara más al enemigo acérrimo (el que nos caía mal). Nos compinchábamos con nuestro “amigo para siempre” con el objetivo único de reírnos de la víctima escogida, a través de apodos brillantes, o cualquier otra argucia que nos hiciera parecer los más “guays” de la clase.
También nos peleábamos y reñíamos, y nos pasábamos horas o incluso días sin hablarnos con algún amiguito que nos había hecho alguna faena terrible…
… hasta que llegaba algún “mayor” (profesor o padre) para poner orden y solucionar los desencuentros, y la terrible ofensa pasaba a la historia como tontería sin importancia.
Mucho debía de gustarnos esta época para haberla trasladado a nuestras vidas actuales en el entorno profesional.
Es curioso comprobar cómo, demasiado a menudo, siguen produciéndose este tipo de comportamientos en las empresas, entre “profesionales cualificados”, que ocasionalmente (malo) o habitualmente (malo-malo) se dedican a esconderse objetos personales o de oficina, a ponerse apodos, a compincharse contra otro compañero o incluso a pillar “rabietas” por actitudes o reacciones sin la menor importancia.
Si observamos atentamente nuestro entorno profesional (y no ocurre sólo en las grandes compañías), podremos identificar sin mayor problema a uno o varios “cachondos” que tratan de amenizar la jornada laboral con actividades lúdico-festivas propias de un niño de 6 a 10 años. También podemos detectar actitudes de “rebeldes sin causa”, de “desairados” u ofendidos y, peor aún, de necesitados de “tutela” o consejo permanente para realizar casi cualquier tarea medianamente complicada.
Y lo más curioso de todo es que, casi con toda seguridad, podremos encontrar una o varias de estas figuras en prácticamente todos los departamentos de la empresa, que con su carácter “jovial” consiguen arrastrar a otros compañeros, haciéndoles entrar en una dinámica de “patio de colegio”. Sólo los más profesionales se resisten a sus “gilipolleces” “encantos”.
¿Será esto una herramienta o método de evaluación continúa implementado por los departamentos de Recursos Humanos? ¿O acaso una metodología que se aprende en algunos Colegios Mayores durante la etapa universitaria para desacreditar a posibles competidores en la carrera profesional dentro una compañía?
Lo dudo, en tanto que los “elementos” que practican estas artes habitualmente resultan en una minoría que, por lo general, no destacan por su desarrollo profesional, sus capacidades intelectuales ni la calidad de sus trabajos.
Por tanto, deberíamos plantearnos siempre que detectemos una situación similar, si realmente somos “Niños” o “Profesionales”. Y no olvidemos que estamos en una empresa, que tenemos una carrera universitaria (o estudios avanzados) y que cobramos un salario por hacer un trabajo de acuerdo a nuestras capacidades y potencial. En definitiva, se nos contrata como “Profesionales”.
Próximas entregas:
- Los Caballeros de la Mesa Redonda
- El Hombre que Nunca Estuvo Allí
- Arriba y Abajo
- ¡Bonito Culo!
Y otras que vendrán…


[...] a caer en el comportamiento de “Patio de Colegio“, pero en esta ocasión por considerar que nuestros subordinados son niños inmaduros e [...]
[...] El Patio de Colegio Los Caballeros de la Mesa Redonda Jun [...]
[...] número de “galones”. Recordemos también, que no debemos caer en actitudes de “El Patio de Colegio“, “El Hombre que Nunca Estuvo Allí” o “El Loro del Pirata“, y que [...]
[...] “palabros” anglosajones supieran más. Debemos considerarla como otra actitud de “Patio de Colegio” a desterrar de nuestro comportamiento [...]
[...] Como consecuencia de lo anterior, y si dicha etapa se dilata en el tiempo, sus superiores encuentran que dichos “figuras” les transmiten más seguridad para la realización de ciertos trabajos “inferiores” que aquellos “pitufos” a los que aún les falta experiencia, por lo que terminan volviendo a sus antiguas tareas (o incluso de categorías inferiores) como una costumbre adquirida y un retroceso evidente en su carrera, y ya de paso perfeccionando ¡El MaiquelYason! (y al igual que éste, cobrando de más por el trabajo que hace). Algunos incluso llegan a desarrollar los comportamientos de “El Patio de Colegio“. [...]
[...] El Patio de Colegio Los Caballeros de la Mesa Redonda Jun [...]
[...] a caer en el comportamiento de “Patio de Colegio“, pero en esta ocasión por considerar que nuestros subordinados son niños inmaduros e [...]
[...] “yankis”?. Debemos, sin dudarlo un instante, considerarla como otra actitud de “Patio de Colegio” a desterrar de nuestro comportamiento [...]
[...] “El Cuento de la Cenicienta“, “El Loro del Pirata” y por supuesto “El Patio de Colegio“. Situaciones y actitudes todas ellas que serán resueltas de una u otra manera mediante la [...]
[...] número de “galones”. Recordemos también, que no debemos caer en actitudes de “El Patio de Colegio“, “El Hombre que Nunca Estuvo Allí” o “El Loro del Pirata“, y que [...]
[...] ésta que siempre me ha parecido de lo más infantil (El Patio de Colegio), y que si bien parece motivar estupendamente a los americanos, resulta del todo ridícula [...]