“El Hombre que Sabía Demasiado“, en su versión original de 1934 (imagen de la izquierda) dirigida por Alfred Hitchcock y protagonizada por Peter Lorre, fue objeto de un “remake” del mismo nombre en 1956 (imagen de la derecha) del propio Alfred Hitchcock, y protagonizada en esta ocasión por James Stewart y Doris Day.
En ambas versiones el argumento es muy similar, en cuanto que una familia que está de vacaciones (en Suiza y Marruecos, respectivamente) es testigo accidental del asesinato de alguien a quien han conocido poco antes durante su viaje, y que resulta ser un espía que les hace partícipes de cierta información de vital importancia (difusa e imprecisa, todo hay que decirlo) poco antes de expirar.
A partir de ese momento, las cosas empiezan complicarse para la familia, al verse involucrados en una trama de secuestros y asesinatos con implicaciones políticas, por lo que el padre de familia debe actuar para rescatar de las garras de los “malos” a su hijo, a quien retienen con el objeto de que el padre no divulgue la información.
El hecho es que el protagonista no tiene ni idea de lo que siginifica la información de que dispone, y mucho menos cuál es su utilidad real, pero a pesar de todo, empieza a jugar sus bazas como si estuviera plenamente al tanto de lo que ocurre, tratando de controlar y dirigir la situación. Obviamente, podemos imaginar el desconcierto que genera y los líos en los que terminan metiéndose todos los implicados.
Y éste es precisamente el punto que más nos interesa de la “figura profesional” que analizamos a continuación.
En contraposición a “El Hombre que Nunca Estuvo Allí“, que como ya comentamos es una persona “gris” y prácticamente anónima que pasa desapercibida en nuestro entorno de trabajo, nos encontramos con una rara especie (pero no por ello menos peligrosa) completamente opuesta a la ya citada, y que daremos en llamar “El Hombre que Sabía Demasiado“.
Concretamente, el protagonista de nuestro análisis suele aparecer, por lo general, como un profesional cualificado, altamente capacitado y “experto” en una gran variedad de temas, participando proactivamente en todas las conversaciones técnicas a su alcance, y presentándose a reuniones a las que ni siquiera ha sido convocado. Gusta de frecuentar conversaciones en las que los miembros manifiestan su desconocimiento y se deja ver en aquellas propuestas en las que se debaten “puntos grises” de conocimiento.
Y por supuesto, para todo tiene una opinión bien formada y aparentemente basada en sus amplios conocimientos y experiencia. Acompaña sus afirmaciones con un tono categórico y tiene tendencia a “sentar cátedra”, por lo que sus interlocutores rara vez dudan de la veracidad de sus afirmaciones y, por lo general, alaban su autoridad en dichas materias (no olvidemos que desconocidas o poco dominadas por ellos).
(En la imagen anterior podemos observar al magnífico Peter Lorre en una pose “chulesca” y de clara superioridad ante la situación.)
Lo más curioso de estos sujetos es que el “ciclo de vida” de sus intervenciones se limita precisamente a eso: intervenciones. Jamás se implican en el asunto tratado y mucho menos pasan a formar parte del equipo que tendrá que llevar a cabo el correspondiente proyecto “envenenado” con sus recomendaciones y “geniales” aportaciones.
La realidad nos demuestra que estos “expertos” tienen un porcentaje de error considerable (por no decir escandoloso) ya que rara vez aciertan, debido precisamente a su carencia de conocimientos de base y de los conceptos más fundamentales de los temas tratados. Son personajes con un extraordinario afán de protagonismo, que buscan aquellas oportunidades y situaciones “de bajo riesgo” para ellos (temas o áreas desconocidas por los demás) en las que puedan dar su opinión sin miedo a ser descubiertos.
El problema viene cuando se los toma en serio, y se incluyen sus recomendaciones en las propuestas o planteamientos de proyectos que otras personas deberán llevar a cabo, descubriendo tarde y mal que dichos elementos son inviables o terriblemente inexactos… lo que provoca serios conflictos en el desarrollo de los proyectos, además de retrasos, problemas técnicos y de planificación y todo tipo de tensiones imaginables en el seno del equipo.
Huelga decir que todo esto podría evitarse si tuviéramos por costumbre contrastar la información con varios expertos reales en cada tema, pero ya sabemos cómo son los procesos de propuestas por lo general…
Por tanto, resulta fundamental identificar a tiempo a estos “expertos” y “gurús“, y evaluar en detalle sus conocimientos y experiencias profesionales, con el objetivo de separar claramente los reales de los imaginarios, para no tener que lamentarnos demasiado tarde de contar con “El Hombre que Sabía Demasiado Poco” en nuestros equipos (caracterizado para la ocasión por el simpar Bill Murray).
Como reza aquella famosa categorización convertida en lema de una multinacional de las Tecnologías de la Información:
-
Si has oído algo sobre el tema… eres “el que sabe“.
-
Si has leído algo sobre el tema… eres “el experto“.
-
Y si lo has probado… eres “el gurú“.
Próximas entregas:
- ¡Bonito Culo!
- El Lado Oscuro de la Fuerza
- Fusilado al Amanecer
- El Padrino
- ¡Toma el Dinero y Corre!
Y otras que vendrán…





[...] Pedro J. Arocena [...]
[...] El Hombre que Sabía Demasiadowww.coach-ejecutivo.com/el-hombre-que-sabia-demasiado/ por Claudia_Capital hace pocos segundos [...]
[...] en Coach-Ejecutivo una entrada muy interesante sobre esos “especímenes” corporativos que saben “de [...]
[...] y experiencias profesionales, con el objetivo de separar claramente los reales de los imaginarios.Pedro J. Arocena, citado por Raúl Hernández, al que también conocí en el EBE. La gurulogía y la psicolabia [...]