Archivo de la categoría ‘Estrategias y Tácticas’

Arriba y Abajo

Arriba y Abajo (en inglés Upstairs, Downstairs) es una serie de televisión de origen británico que relata los acontecimientos que suceden en el domicilio de la familia Bellamy, situado en el 165 de Eaton Place, en Londres .

La serie abarca las tres primeras décadas del siglo XX y nos da a conocer como vivían las distintas personas de la casa, desde la familia Bellamy, compuesta por Richard (un político), Lady Marjorie (hija de un aristócrata), James (militar) y Elizabeth (la hija), hasta los criados, Hudson (mayordomo), la señora Bridges (cocinera), Rose (sirvienta) y otros personajes de menor importancia.

Durante las cinco temporadas que duró la serie, relataba las peripecias de la familia mezclados con momentos históricos como el hundimiento del Titanic , la Primera Guerra Mundial o el Crack del 29 y de qué modo estos hechos afectan a la familia.

[ Extracto de la Wikipedia: " Arriba y Abajo " ]

Lo más destacable de la serie, sin embargo, es que pone de manifiesto las brutales diferencias entre las clases sociales en aquella época, y más concretamente en Gran Bretaña (que no ha cambiado tanto a día de hoy).

De una parte, la de “Arriba”, los “señores” de la casa, amos indiscutibles y acostumbrados a que sean satisfechos todos sus requerimientos o caprichos sin demora ni excusa. Sus preocupaciones están más allá de los pequeños e insignificantes menesteres cotidianos, dado que se deben a causas más honorables. Al fín y al cabo, son los propietarios y poseedores del capital que permite a todos los demás en la casa desarrollar sus tareas y tener una vida digna, por lo que pueden permitirse el acto de despreciar a tan “insignificantes” miembros de la sociedad (si es que se puede considerar así a unos meros empleados).

De otra, la parte de “Abajo”, los sirvientes. Trabajadores incansables sometidos al estricto control del mayordomo, que con una metodología ejemplar y una rutina diseñada al milímetro, impone la férrea disciplina necesaria para que todos y cada uno de los engranajes de la casa funcionen como una maquinaria de relojería perfectamente engrasada y ajustada.

El equipo humano que completa el “servicio” tiene como objetivo único cumplir todas y cada uno de las necesidades de sus “amos”, haciendo para ello lo que sea menester, y siempre de forma abnegada y sin protesta que valga. Al fín y al cabo, tan sólo han de gestionar las compras de suministros, el servicio de lavandería, limpieza e higiene, los desayunos, comidas y cenas, recibir y atender correctamente a las visitas, acomodar a los invitados, trasladar a sus señores, vigilar la finca y velar por la salud de sus miembros por el correcto orden y funcionamiento de la familia a quien deben obediencia y que tan bien los trata y los acoge en su seno.

Dado que los integrantes del servicio también viven en la propia casa (abajo), podemos considerarlos como una familia en sí misma, que deben convivir y saber aceptar las pequeñas manías de los demás miembros, al tiempo que se coordinan de acuerdo a sus diferentes perfiles y capacidades para ofrecer un mejor servicio. Por supuesto, dentro de un orden completamente estructurado, dadas las diferentes categorías de sus integrantes, ya que no es lo mismo la cocinera que una mera ayudante de cocina o una “fregona”. Es más, las diferencias de categoría dentro de este segundo grupo acaban convirtiéndose en diferencias de clase social, a imagen y semejanza de lo que sus “amos” practican con ellos.

Es evidente que en un conjunto de personas tan variado, con intereses y obligaciones tan dispares, podamos encontrarnos con prácticamente cualquier ejemplo de comportamiento social que imaginemos, como “El Hombre que Nunca Estuvo Allí“, “El Cuento de la Cenicienta“, “El Loro del Pirata” y por supuesto “El Patio de Colegio“. Situaciones y actitudes todas ellas que serán resueltas de una u otra manera mediante la convivencia, o por “decreto”.

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El Cuento de la Cenicienta

H ubo una vez una joven muy bella que no tenía padres, sino madrastra, una viuda impertinente con dos hijas a cual más fea. Era ella quien hacía los trabajos más duros de la casa y como sus vestidos estaban siempre tan manchados de ceniza, todos la llamaban Cenicienta.

U n día el Rey de aquel país anunció que iba a dar una gran fiesta a la que invitaba a todas las jóvenes casaderas del reino.

- Tú Cenicienta, no irás -dijo la madrastra-. Te quedarás en casa fregando el suelo y preparando la cena para cuando volvamos.

L legó el día del baile y Cenicienta apesadumbrada vio partir a sus hermanastras hacia el Palacio Real. Cuando se encontró sola en la cocina no pudo reprimir sus sollozos.

- ¿Por qué seré tan desgraciada? -exclamó-. De pronto se le apareció su Hada Madrina.

- No te preocupes -exclamó el Hada-. Tu también podrás ir al baile, pero con una condición, que cuando el reloj de Palacio dé las doce campanadas tendrás que regresar sin falta. Y tocándola con su varita mágica la transformó en una maravillosa joven.

L a llegada de Cenicienta al Palacio causó honda admiración. Al entrar en la sala de baile, el Rey quedó tan prendado de su belleza que bailó con ella toda la noche. Sus hermanastras no la reconocieron y se preguntaban quién sería aquella joven.

E n medio de tanta felicidad Cenicienta oyó sonar en el reloj de Palacio las doce.

- ¡Oh, Dios mío! ¡Tengo que irme! -exclamó-.

[ Fragmento de " La Cenicienta " ]

El temor de la Cenicienta se debía a que el Hada Madrina le había advertido que a partir de las doce, el encantamiento se desharía, recuperando su aspecto de antes y convirtiendo la maravillosa carroza en una gran calabaza.

Ya en nuestros días, si bien no solemos acudir a festejos similares con príncipes azules y demás (bien sea por pereza o por escasez de príncipes y princesas), sí nos encontramos con compromisos sociales tales como fiestas, eventos de fin de semana o escapadas lúdico-festivas, todas ellas organizadas por la empresa.

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El Loro del Pirata

Tradicionalmente, siempre que pensamos en piratas, corsarios y bucaneros, nos viene a la memoria la imagen del típico pirata con barba, parche en el ojo, pata de palo (si ya lleva un tiempo en el oficio) y, por supuesto, el ya famoso loro como animal inseparable de su amo.

Es interesante ver cómo, a lo largo de la historia de cine, el género de “piratas” siempre incluye a este bicho, que se caracteriza por su insolencia, su mirada hostil y su constante vigilar a los subordinados del capitán en cuestión. Dicho animal acaba resultando pesado e irritante la mayoría de las veces, cuando no odioso. En definitiva, y salvo raras excepciones, a todos nos entran ganas de desplumar al animalito en cuestión para que calle, o cuando menos, tirarlo por la borda para poner fin a su constante mirada inquisitoria.

Curiosamente, este misma figura (el “loro”, no el “pirata” que también los hay), la encontramos en prácticamente todas las empresas, ya sea en forma de Jefe de Proyecto, Gerente o Director de “algo”, es decir, como “mando intermedio” con algo de poder, pero tampoco demasiado. Su comportamiento típico para con sus subordinados consiste en delegarles tareas o asignarles trabajos que habrán de realizar (siempre de acuerdo a sus capacidades profesionales, por supuesto) en un plazo determinado o para una fecha de entrega concreta.

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