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Ene 14

Elegidos para la Gloria (The Right Stuff), es una excelente película de 1983 basada en la novela del mismo nombre de Tom Wolfe. Nos cuenta la historia de la carrera espacial americana, que se inicia cuando los rusos lanzan su famoso Sputnik al espacio. A partir de ese momento, comienza una competición sin precedentes entre ambos países para hacerse con el control del espacio exterior.

Para ello, los americanos reclutan a los mejores pilotos de aviones de pruebas y los someten a toda una serie de análisis, entrenamientos y ejercicios de adiestramiento para convertirlos en los mejor capacitados de cara a los retos que habrán de afrontar.

Durante el transcurso de estos acontecimientos, se produce por todo el país (americano, of course) todo un movimiento de apoyo incondicional a este equipo basado en el orgullo y la supremacía indiscutible de las fortalezas propias como nación. Se hacen presentaciones a la prensa, se organizan fiestas y “saraos” de todo tipo, y se les ensalza como a héroes o divinidades cuando aún no han hecho realmente nada ni obtenido ningún logro.

Al parecer, esto forma parte del carácter innato de los “yankis”, ya que este mismo comportamiento se repite en prácticamente todas las compañías de origen estadounidense como filosofía empresarial. Y lo mejor de todo (o lo peor), es que la exportan allá donde van con sus multinacionales.

Podemos comprobarlo por nosotros mismos en cualquier empresa de origen americano, cuando nos convocan a los tan conocidos “kick-offs“, “open-meetings” y demás eventos lúdico-festivo-corporativos para el equipo ejecutivo.

En esta especie de reuniones/vacaciones pagadas, en las que lo mismo tenemos 8 horas de presentaciones sobre “targets“, “pipelines“, “fees“, “revenues“, “margins“, “attrition“, “costs“, “work-forces” y otros términos absurdos al más puro estilo “Lost in Translation“, cenas en exclusivos restaurantes o “cocktails” en “garitos” de renombre, nos encontramos a todos los asistentes (empezando por los más altos cargos) dándose golpes en el pecho al más puro estilo de King Kong en la siguiente imagen:

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Nov 24

Toma el Dinero y Corre (”Take the Money and Run“, en su versión original de 1969), es la primera película que dirigió Woody Allen, además de escribirla y protagonizarla.

Realizada en formato de documental, la comedia trata sobre Virgil Starkwell (Woody Allen) y cómo intenta desarrollar su carrera como delicuente profesional. El protagonista es un completo inepto, carente por completo de capacidad de análisis y planificación, resultando la ejecución de sus “golpes” del todo desastrosas. A pesar de todo, y debido a su absoluta falta del sentido de la responsabilidad, persiste en sus objetivos hasta dar con sus huesos en prisión.

Sin embargo, no es el argumento de la película lo que nos interesa en esta entrega, sino que es el propio título el que nos viene “al pelo” para describir otro flagrante caso de comportamiento indeseado en el mundo empresarial: la falta de responsabilidad asociada al poder de delegar.

Nunca dejaremos de asombarnos de la frecuencia con que se siguen manifestando estos comportamientos en nuestros entornos de trabajo, pero la realidad (y la experiencia, aunque mala en estos casos) nos dicta que en demasiadas ocasiones nos encontramos con personas en puestos de ejecutivos medios y altos que ejercen su poder de forma equivocada.

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Oct 27

El Hombre que Sabía Demasiado El Hombre que Sabía Demasiado

El Hombre que Sabía Demasiado“, en su versión original de 1934 (imagen de la izquierda) dirigida por Alfred Hitchcock y protagonizada por Peter Lorre, fue objeto de un “remake” del mismo nombre en 1956 (imagen de la derecha) del propio Alfred Hitchcock, y protagonizada en esta ocasión por James Stewart y Doris Day.

En ambas versiones el argumento es muy similar, en cuanto que una familia que está de vacaciones (en Suiza y Marruecos, respectivamente) es testigo accidental del asesinato de alguien a quien han conocido poco antes durante su viaje, y que resulta ser un espía que les hace partícipes de cierta información de vital importancia (difusa e imprecisa, todo hay que decirlo) poco antes de expirar.

A partir de ese momento, las cosas empiezan complicarse para la familia, al verse involucrados en una trama de secuestros y asesinatos con implicaciones políticas, por lo que el padre de familia debe actuar para rescatar de las garras de los “malos” a su hijo, a quien retienen con el objeto de que el padre no divulgue la información.

El hecho es que el protagonista no tiene ni idea de lo que siginifica la información de que dispone, y mucho menos cuál es su utilidad real, pero a pesar de todo, empieza a jugar sus bazas como si estuviera plenamente al tanto de lo que ocurre, tratando de controlar y dirigir la situación. Obviamente, podemos imaginar el desconcierto que genera y los líos en los que terminan metiéndose todos los implicados.

Y éste es precisamente el punto que más nos interesa de la “figura profesional” que analizamos a continuación.

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